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La distancia que hay
entre el Invierno y el Verano en Madrid es como un delicioso Suspiro a la Limeña, dura sólo
lo que tardas en saborearlo, tres segundos, el resto ya pasa a la categoría de
gratos Recuerdos … La Primavera madrileña es una ilusión que pasa frente a
nosotros como una ráfaga de viento, anteayer íbamos con bufanda, paraguas y
abrigo, y hoy da nervio ajeno ir por las calurosas calles de Madrid, ufff, viendo
lo que vemosss, jeje, y que para nuestro inocente regocijo dure muuuchooo …
Escribo estas líneas
en pantalón corto, sin camiseta, sentado en la terraza, cuando hace dos cercanos atardeceres escribía
las anteriores parando de rato en rato para echar leña de olivo viejo en la
chimenea encendida … Así, con esa celeridad, casi sin darnos cuenta tengo que
rendirme a lo que me decían con sabia experiencia y pausa al hablar los
Antiguos de la Comarca, … “Disfruta de tus Hijos Carlos, que Crecen muy
Deprisa, que pronto los verás desde la barrera seguir su propio Camino, contigo como
un digno espectador vestido de Domingo una Tarde de Toros, en el Tendido de Sol
de la Plaza de Las Ventas” …
Este añejo consejo
parecía lejano hasta que hace unos días nuestro hijo mayor Carlos Ignacio tuvo
su Baile de Gala por el final de la etapa de Colegio … Verle tan elegante, en distinguido
traje y corbata, (la cual junto con el cinturón fue heredada de éste su orgulloso
padre para la ocasión), acompañado de los buenos amigos de siempre, a los que
conozco desde que tenían los cuatro añitos, y de esas guapas compañeras suyas, con
glamurosos vestidos de fiesta, subidas en lo alto de arriesgados tacones, desde
donde una caída es considerada de Alto Riesgo …